Ese amor de verano, el que me hizo cambiar totalmente mi forma de ser, esas tardes de agosto fugaces que nunca olvidaré...
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miércoles, 11 de marzo de 2015
Mi llegada
CAPÍTULO UNO
Era 1 de agosto, mis vacaciones darían comienzo en escasas horas, los nervios y la tristeza podía conmigo; este año no volvería al lugar al que iba desde que tengo uso de razón, ganas de conocer a gente, socializar, y sobre todo... Hacer ese verano el mejor que haya podido tener.
Eran las diez de la noche, la casa a la que iba estaba vacía y sin nada que meter en el estómago así que decidimos ir a cenar a la hamburguesería de la urbanización, su nombre era sacado de una serie americana lo cual me trajo buenos recuerdos de la serie. Mi padre y yo fuimos a recoger la bandeja para llevarla a la mesa y así poder cenar: el hambre podía conmigo y supongo que también con mi familia, asi que no tardamos mucho en recogerla. Ahí en ese instante fue cuando mi vida cambió, mi idea sobre el mundo quedó destruida, y ese mismo momento lo denominé, como el principio de mi larga adolescencia.
Me disponía a ir a la mesa cuando el silbido de un chico me llamó la atención, me giré y lo que mis ojos vieron fue el precioso rostro de ese chico, esos ojos esmeralda... Todo lo que estaba relacionado con él me encantaba.
Desde esa noche, la cual jamás olvidaré empecé a conocer a gente, la cual hoy en día son mis amigos y los que quiero por encima de nada; una chica morena con un flequillo que la tapan sus preciosos ojos celestes, ella es María mi niña a la que a veces ayudo con sus deberes por nuestra diferencia de edad, solo un año pero que entre nosotras ni se nota. Juan, otro de mis pequeños, mi inseparable el que siempre me ayuda con problemas que mas tarde descubriréis y por ultimo mi rubiales, Daniel uno de los chicos mas listos y guapos que habré conocido.
Llevaba una semana compartiendo experiencias con estas personas y otras a las cuales no nombraré, Daniel, el vecino del chico que me silbo hacia siete noches, es su mejor amigo lo que me hacia saber mucho de él.
Un día que iba paseando con mi perro Thor, me llevo un mensaje de Daniel, pero cuando fui a responderle mi sorpresa fue que no era el sino el chico del que su nombre no conocía, el era Jesús. Estuvimos hablando unas dos horas, y cuando yo iba a despedirme me soltó una cosa que yo nunca esperaba que me fuera decir.
- Amanda, me gustas, me gustas mucho, se que nos hemos visto pocas veces y también se que no he hecho bien en decirte esto en persona, pero me encantaría seguir conociéndote.
Nada más leer esto apagué el móvil y me fui a dormir.
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